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ESTOS MUERTOS ESTÁN MUY VIVOS

ESTOS MUERTOS ESTÁN MUY VIVOS

Una vez me comentaron que el número de las personas que cuando leen un periódico, miran las esquelas, va en aumento a medida que se van cumpliendo años.

Seguramente será cierto, pues recuerdo a mi padre a medida que iban pasando los años, leyendo cada mañana su periódico y comentando que ‘se le estaban yendo todos sus amigos’.  Pero esos, por desgracia se iban yendo de verdad.

Viene a cuenta de que hace un par de semanas, celebrando un cumpleaños, en la mesa que nos tocó preguntaron de pronto por ‘fulanito de tal’.  Y una persona dijo que había fallecido hacía ya algunos años.  Otro decía, ¿no es posible?, qué disgusto.  Y la tercera dijo que sí, pero que no creía que llevara tantos años fallecido.  Hubo alguno que se llevó un gran disgusto pues decía, que hacía tiempo que no le veía pero que ignoraba que hubiera fallecido.   También algunos afirmaron que lo sabían y que hasta estaba su viuda entre los invitados.

Incluso una amiga dijo que seguro, segurísimo, pero que más que seguro que sí, pues en la Misa que hace su grupo, por los antiguos alumnos, lo habían nombrado y ofrecido entre otros por él.

Así quedó la cosa hasta que pasó por delante un gran amigo del supuesto difunto y todos pensamos: ‘Seguro que Toni lo sabrá’.

Cuando se lo preguntaron, nos dijo que seguía más que vivo.  Y que hacía poco que había estado comiendo con él.  También es cierto que ‘en nuestra defensa’, añadió que ‘no estaba para bailar sardanas, por decir algo’, pero daba ‘fe de vida’ por él.

Nos alegramos por supuesto, pero en el fondo nos tuvimos que sonrojar los que habíamos asegurado que sí que era un ‘finado’ desde hacía muchos años.

No paró allí la cosa, pues de pronto se acercó otro invitado de repente pasó por delante de nuestra mesa y empezó a gritar:

‘¡Paco, Paaaaco, Paaaaaaaaaco’

Todos nos giramos y el que gritaba se acercó a Paco diciéndole textualmente:

‘Paco, ¡qué alegría’ ‘estás vivo’, ‘te hacía muerto’… hasta sentí tanto, tanto, tanto no poder haber ido a tu funeral!!!

Todos nos quedamos de piedra, pero la cara que puso Paco era un poema.

Paco empezó a tocarse los brazos, la cara, el cuerpo diciéndole: estoy vivo, estoy vivo, ya ves.

Y el otro con lágrimas abrazándole y volviendo a repetir lo mal que le supo no haber asistido a su funeral.

Cuando se fue, todos nos miramos y nos regañamos mucho y prometimos no volver a hablar de difuntos, ni preguntas negativas, pues entre ‘el que habíamos matado hace ya muchos años’ y entre el muerto viviente en nuestra mesa, la cosa no estaba para bromas.

Así que empezamos a hablar de cosas bonitas y disfrutando de la celebración que culminó con una preciosa tarta y soplando el ‘cumpleañero’ sus velas.

Y eso, si prometiendo, y volviendo a prometer, procurar no matar a nadie pues hay muertos que están, gracias a Dios, todavía muy pero que muy vivos.

 

 

 

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